EL RINCÓN DE PENSAR. En nuestra iglesia tenemos un altar dedicado a Santa Lucía, virgen y mártir

Santa Lucía.-

Nacida en Siracusa, ciudad de la provincia romana de Sicilia, de acuerdo con la tradición. Lucía era de padres nobles y ricos; del padre se dice que murió cuando Lucía era joven. Probablemente se llamaba Lucio, dada la costumbre romana de poner a las hijas el nombre del padre. El nombre de Lucía está inspirado en el texto paulino, «Los hijos de la luz». Lucía ciertamente significa “Luz para el mundo”. Fue educada en la fe cristiana. Consagró su vida a Dios e hizo un voto de virginidad.

Su madre, que estaba enferma, la  comprometió a casarse con un joven pagano y ella, para que se librase de ese compromiso, la persuadió para que fuese a rezar a la tumba de Águeda de Catania a fin de curar su enfermedad. Como su madre sanó, Lucía le pidió que la liberara del compromiso, le dejara consagrar su vida a Dios y donara su fortuna a los más pobres. Su madre accedió.

Pero su pretendiente la acusó ante el procónsul Pascasio debido a que era cristiana, en tiempos del emperador Diocleciano, año 304. Cuando Lucía fue arrestada bajo la acusación de ser una cristiana, Pascasio le ordenó que hiciera sacrificios a los dioses. Entonces Lucía dijo: “Sacrificio puro delante de Dios es visitar a las viudas, los huérfanos y los peregrinos que pagan en la angustia y en la necesidad, y ya es el tercer año que me ofrecen sacrificios a Dios en Jesucristo entregando todos mis bienes.” Irritado Pascasio, ordenó a sus soldados a que la llevaran a un prostíbulo para que la violaran y luego se dirigió a Lucía diciéndole: “Te llevaré a un lugar de perdición así se alejará el Espíritu Santo“. Los soldados la ataron con cuerdas en las manos y en los pies, pero por más que se esforzaban no podían moverla: la muchacha permanecía rígida como una roca. Al enterarse de lo sucedido, Pascasio ordenó someterla a suplicio con aceite hirviendo, pero no logró hacerla desistir. Fue martirizada. Antes de morir profetizó su canonización y protectora de Siracusa, junto con la caída de Diocleciano y Maximiano.

Santa Lucía es la patrona de la vista. Existe la leyenda de que fue la belleza de los ojos de Lucía la que no permitía descansar a uno de sus pretendientes, por lo que ella se los arrancó y se los envió. Lleno de remordimiento e impresionado por el valor de Lucía, el pretendiente se convirtió al cristianismo. Una leyenda medieval decía que, cuando Lucía estaba en el tribunal, aun sin ojos, seguía viendo. Es patrona de los pobres, los ciegos, de los niños enfermos y de las ciudades. Es patrona de los electricistas, modistas, chóferes, fotógrafos, afiladores, cortadores, cristaleros, sastres, fontaneros y escritores.

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