El rincón de pensar. Alguna guía para vivir la liturgia

Cristo continua la realización de la obra de la salvación sobre todo a través de la acción litúrgica de la Iglesia. Está presente en el sacrificio de la misa, sea en la persona del ministro -ya que el que ahora se ofrece por ministerio de los sacerdotes es el mismo que entonces se ofreció en la cruz- como, sobre todo, bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos, (Mt 18,20).

Con razón se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella, los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro.
Por tanto, se considera toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia.

En la liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella liturgia celestial que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos.

Por esto, el domingo es la fiesta primordial, día de alegría y de liberación del trabajo”.

(Fuente: Constitución sobre la liturgia Sacramentum Concilium, del Concilio Vaticano II, núms. 7.8.106)

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De homilía del Papa Benet XVI a la Basílica de la Sagrada Familia

Amb motiu del recent traspàs de Papa emèrit Benet XVI, reproduïm uns fragments de la seva homilia pronunciada en la seva visita a la Basílica de la Sagrada Família de Barcelona, el 7 de novembre de 2010. Digué en catellà:

[…] “La alegría que siento de poder presidir esta ceremonia se ha visto incrementada cuando he sabido que este templo, desde sus orígenes, ha estado muy vinculado a la figura de san José. Me ha conmovido especialmente la seguridad con la que Gaudí, ante las innumerables dificultades que tuvo que afrontar, exclamaba lleno de confianza en la divina Providencia: “San José acabará el templo”. Por eso ahora, no deja de ser significativo que sea dedicado por un Papa cuyo nombre de pila es José. ¿Qué hacemos al dedicar este templo? En el corazón del mundo, ante la mirada de Dios y de los hombres, un humilde y gozoso acto de fe, levantamos una inmensa mole de matera, fruto de la naturaleza y de un inconmensurable esfuerzo de la inteligencia humana, constructora de esta obra de arte. Ella es signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma.

En este recinto, Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia. Introdujo piedras, árboles y vida humana dentro del templo, para que toda la creación convergiera en la alabanza divina, pero al mismo tiempo sacó los retablos afuera, para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. De este modo, colaboró genialmente a la edificación de la conciencia humana anclada en el mundo, abierta a Dios, iluminada y santificada por Cristo. E hizo algo que es una de las tareas más importante hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es una gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo.

[…] Al contemplar admirado este recinto santo de asombrosa belleza, con tanta historia de fe, pido a Dios que en esta tierra catalana se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad, que presten al mundo el gran servicio que la Iglesia puede y debe prestar a la humanidad: ser icono de la belleza divina, llama ardiente de caridad, cauce para que el mundo crea en Aquel que Dios ha enviado.

Queridos hermanos, al dedicar este espléndido templo, suplico igualmente al Señor de nuestras vidas que, de este altar, que ahora va a ser ungido con óleo santo y sobre el que se consumará el sacrificio de amor de Cristo, brote un río constante de gracia y caridad sobre esta ciudad de Barcelona y sus gentes, y sobre el mundo entero. Que estas aguas fecundas llenen de fe y vitalidad apostólica a esta Iglesia archidiocesana, a sus pastores y fieles”.

(Homilía del Papa Benedicto XVI en la Dedicación de la Basílica de la Sagrada Familia, el 7 de noviembre de 2010 en su viaje apostólico a Santiago y a Barcelona).

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Vida parroquial

Projectes de la Campanya de Mans Unides 2023:

  1. Millora de l’accés a l’educació infantil per a nens vulnerables, a Etiòpia.
  2. Programa per afavorir el progrés de les dones de 16 poblats a l’Índia.
  3. Promoció de la salut mental comunitària a Perú.
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El rincón de pensar. Alguna guía para alcanzar la paz de los pacificadores

Acoge a los demás como tú mismo quieres ser acogido. No quieras para los demás lo que no quieres para ti.

No condenes ni juzgues a nadie. No hables mal de nadie. No humilles ni violentes a nadie. No niegues a nadie la posibilidad de rectificar.

Perdona las injurias pasadas y presentes. Libérate del odio. Guarda tu corazón libre para amar, para convivir, para una vida nueva cada día. Perdona y no vuelvas mal por mal. Vence el mal con el bien.

Desea la paz con todos, la convivencia, la colaboración, el gozo de la fraternidad y del servicio, escucha antes de hablar. Sé misericordioso.

Simplifica los problemas, no los aumentes. Dedícate a resolverlos, no a revolverlos. Busca siempre soluciones posibles. Valora lo que une. Procura reducir el dolor y el sufrimiento.

Crea sentimientos y actitudes de concordia, de misericordia, de atención a las necesidades y derechos de los demás. Sé una persona respetuosa con los demás, aunque no compartas sus opiniones; no ocultes tus convicciones. Apuesta siempre por el diálogo, el entendimiento, la convivencia, el respeto.

Apoya a quienes trabajan por el bien de los demás, por la paz, la justicia. No te dejes dominar por el miedo. No cedas ante los que amenazan.

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La unitat dels cristians

La Setmana d’Oració per la Unitat dels Cristians, recorden els bisbes de la Comissió Episcopal de Relacions Interconfessionals en el seu missatge, “és ocasió propicia perquè coneguem millor el diàleg de l’Església catòlica amb les Esglésies i Comunitats eclesials sobre la doctrina de la fe, portat endavant amb gran esforç i dedicació”. Des d’aquelles paraules de Jesús, recollides a l’Evangeli de Sant Joan i integrades en l’anomenada «oració sacerdotal», mai a l’Església s’ha deixat d’orar per la unitat. El text evangèlic diu: «Pare, et prego per ells, perquè siguin u, com tu i jo som u, perquè el món cregui» (Jn 17, 21). Totes les litúrgies antigues, tant orientals com occidentals, posseeixen belles oracions que repeteixen, a la seva manera, aquella oració del Senyor Jesús poc abans de patir la creu.

Però quan les polèmiques i enfrontaments es van consumar i van dividir el cristianisme en esglésies enfrontades, la urgència per la tornada a la unitat visible va ser un crit per aquella oració de Getsemaní i es va convertir en una necessitat sentida pels millors esperits de cadascuna de les comunitats separades. Hi ha una llarga tradició a les Esglésies cristianes d’orar per la unitat: les comunitats catòliques, ortodoxes, anglicanes i protestants per demanar a l’Esperit preservar o retornar la unitat de l’Església. Però a més de la tasca doctrinal, el moviment ecumènic es va adonar que el camí real cap a la plenitud de la unitat passava per la convergència i concòrdia de cors en la pregària comuna compartida per tothom. La pregària comuna apareix així com el passaport vàlid per sentir la unitat que permet sentir-se ja units en el Senyor de tots: l’oració eterna del Parenostre.

El Vaticà II, en el Decret d’Ecumenisme, afirma: «La conversió de cor i santedat de vida, juntament amb les oracions privades i públiques per la unitat dels cristians, s’han de considerar com l’ànima de tot el moviment ecumènic, i amb raó es pot anomenar ecumenisme espiritual (UR 8).

➢ ¿Todavía es necesaria la semana de oración por la unidad de los cristianos?.-

Recordamos el esplendor que acompañaba las celebraciones ecuménicas, durante el mes de enero tras el Concilio Vaticano II que congregaban a fieles de todas las denominaciones cristianas. Las Iglesias se ponen delante del Señor para que se realice visiblemente lo que él pidió al Padre con tanta insistencia en la oración sacerdotal. La Semana de Oración es el momento en el que la obediencia que las Iglesias deben a Cristo respecto a ser uno «para que el mundo crea» se hace plegaria humilde y esperanzada. La espiritualidad de la Semana hace que los cristianos y sus Iglesias deben trabajar en orden a la restauración de la unidad y se ponga bajo la perspectiva del don de la unidad; un don divino mayor que la realización humana. Se sabe que la cuestión ecuménica suscitada por la división de los cristianos en cuanto desobediencia a la voluntad de Cristo, puede ser considerada además como problema y como misterio. El misterio de la desunión cristiana invita sobre todo a la actitud de apertura confiada para dejarse impregnar por quien nos trasciende a todos. Todo el pueblo de Dios es responsable de la unidad que parece inalcanzable. Por eso se abre a la plegaria y se deja llevar por el Espíritu que sopla donde quiere y dirige a todos hacia donde quiere.

(Fuente: Comisión de ecumenismo de la Conferencia episcopal española)

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