Sobre la recent visita del papa Lleó

Què ha impactat més de Lleó XIV durant la recent visita a Espanya? Potser sigui quelcom imperceptible: la transmissió misteriosa d’un rerefons que oculta el seu rostre, els seus gestos, les seves paraules… Hi ha una profunditat al darrera: un gran silenci, la contenció d’un tresor amagat per deixar passar la seva interioritat. Tal volta sigui això el crit profètic que ha suposat aquest viatge del Papa Lleó, que es pot resumir en aquesta frase seva que va pronunciar al Congreso de los Diputados: “En el silenci comprenem que les ideologies passen, mentre la Veritat roman”. 

D’altra banda, ¿per què el poble s’ha volcat a les places de Cibeles i Lima (Madrid), en el Bernabéu, l’Olímpic de Montjuïc, la Sagrada Família i Canàries; i sobretot en el pas del papamòbil per Madrid i pel carrer Rosselló de Barcelona? Entre els milers que ovacionaven al Papa, és evident que no tots eren catòlics. Havia de tot, una nodridíssima representació de la ciutadania anònima, però d’alguna manera surava la sensació que aquesta vinguda ha estat com un resguard de pau, un respir a una societat saturada de corrupció, insults, enfrontaments i d’economia incerta, en un món on les notícies són cada vegada més desesperançadores. Una multitud de mans alçades mostrava fam en la mirada. Quelcom inèdit en molts viatges papals és que molta gent té els ulls tancats, com en meditació i fins i tot plora.

Parecen estar diciéndonos algo. En una sociedad estremecida, que vive momentos de generalizado desencanto, con falta de ilusiones y ausencia de futuro en cuestiones como el trabajo, la vivienda y la estabilidad, “Alzad la mirada”, resumía un eslogan que conectaba con la mayoría.

¿Y cómo un papa como Robert Francis Prevost, que según todos los que lo conocen, siempre ha sido calificado como tímido y “para dentro”, ha conectado tan eficazmente con el pueblo y, según todos los observadores, se ha desencorsetado? La respuesta de muchos es que, aparte de que todo papa hereda un carisma universal por la gracia de su ministerio, León XIV transmite, solo estando, su trasfondo especial: algo que oculta su rostro, sus gestos y sus palabras. Un plus más hondo que emana de él: un gran silencio, la contención de un tesoro escondido,  dejando pasar a una saboreada interioridad que llega a la gente.

Esa paz, su quietud interior, llega incluso de forma consciente o inconsciente al pueblo, sea creyente o no. Autenticidad, realidad y cercanía. Aunque parezca increíble, la gente de la calle sabe muy bien si alguien “es de verdad” o representa un papel. El papa Prevost tiene su propia personalidad y, seguramente, sus limitaciones, como las que tendrían sus predecesores y cualquier ser humano. Pero se intuye en él un profundo silencio, mucho tiempo de oración y reflexión. Suena a auténtico y eso la gente lo capta. Además, en este viaje y en muchos actos se ha cultivado ese callar, más necesario hoy que nunca, como en los ratos de meditación. Y la escucha de testimonios, como las preguntas escalofriantes de personas heridas por la vida. En resumen, para concluir este viaje ha sido una bendición y una brisa fresca en medio del calor del enfrentamiento y la crispación.

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