Cuaresma: oración, ayuno, limosna

Sobre la oración, en la actualidad encontramos, en algunos círculos, un interés por ella, buscando medios, modos, talleres, etc., que ayuden a la concentración y, por tanto, al encuentro con Dios. Por supuesto, el silencio facilitado por la respiración, la postura corporal o el ambiente, ayudan a tomar conciencia de sí mismo y de la presencia de Dios en nuestro interior. Pero esto no es suficiente si hablamos de oración cristianaLos evangelios nos dicen que Jesús se retiraba a orar, pero siempre en relación con la vida que llevaba. Como también enseñó Santa Teresa de Jesús, reconocida maestra de oración, la oración es un diálogo de amistad, de amor, un diálogo para hablar de la vida, un diálogo para conocer mejor a Jesús, a ese que vivió en la historia, teniendo amigos, sintiendo miedo, comiendo con pecadores y publicanos, ayudando a los necesitados de su tiempo, dando buenas noticias a los suyos. Revisemos, por tanto, nuestra vida de oración. Que sea ese encuentro de amor con Jesús el que nos lance al servicio, a la generosidad, a la preocupación por los más necesitados. Todas las demás prácticas que hagamos serán buenas, en tanto en cuanto, den esos frutos.

Sobre el ayuno, en estos tiempos hay muy diferentes posturas. En pocas palabras, y resumiendo, la concepción bíblica entiende al ser humano de manera unitaria, “un cuerpo animado por el espíritu, un espíritu encarnado en este mundo”, de manera que el ayuno es más de toda la persona (no solo del cuerpo) hacia actitudes o actos que no estén construyendo reino de Dios. El ayuno se podría entender como actos de generosidad, servicio y amor hacia los demás, expresado en las realidades materiales que mejor nos ayuden a ello.

Sobre la limosna, tema difícil en nuestro mundo actual, tan marcado por la injusticia social, donde estructuralmente tantos no tienen condiciones para vivir y no logran romper las barreras que les hacen, prácticamente imposible, salir de la pobreza. La ayuda inmediata siempre será necesaria porque lo urgente no da espera, pero trabajar por la justicia social es una tarea impostergable. Como decía el papa Francisco, no podemos seguir apoyando una economía que “mata”, ni seguir creyendo ingenuamente que el mercado, por si mismo, derramará su ganancia sobre los pobres. Eso nunca ha pasado y no pasará (Evangelli Gaudium n. 53). El creyente, por tanto, ha de apoyar las políticas sociales que más ayuden a construir equidad y posibilidades de vida para todos. Más haríamos conociendo a fondo -para poner en práctica- la Doctrina social de la Iglesia- que tranquilizar la propia conciencia, dando limosna.

Aquesta entrada ha esta publicada en Sin categoría. Afegeix a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Deixa un comentari

Aquest lloc utilitza Akismet per reduir els comentaris brossa. Apreneu com es processen les dades dels comentaris.