La infinitud

Hace pocas semanas, cuatro astronautas norteamericanos fueron y volvieron a la luna. Ciertamente no pisaron nuestro Satélite, pero sí “pasearon” con su nave especialmente en su cara oculta. Ese viaje histórico me invita a ahondar en el “termino” infinito que nuestro cosmos parece siempre hacer referencia….

Dios es absolutamente infinito. Es decir, es Infinito en todos los sentidos, «en todas las direcciones». Dicho más filosóficamente, Dios es Infinito, no en la longitud, ni en el volumen, ni en la extensión, sino en el ser. ¿Qué quiere decir eso? Si analizamos un poco, vemos que toda limitación es una falta de ser. El límite de una cosa empieza donde termina su ser. A menor limitación, más ser. Una planta es más limitada que un animal, pues el animal ejerce todas las funciones «vegetativas» propias de la planta (nutrición, crecimiento, reproducción), pero además tiene otras que la planta no posee: percepción de los sentidos, apetito o tendencia instintiva, capacidad de autodesplazamiento, es decir, lo que los filósofos llaman «vida sensitiva». En ese sentido, podemos decir que el animal «es más» que la planta. Y lo mismo pasa con un animal irracional respecto de un hombre: el hombre posee la vida vegetativa y la sensitiva, y además las características específicas de la persona, como la inteligencia, la voluntad, etc. El hombre «es más» que el animal. Y aún el hombre es un ser limitado, finito, como todos sabemos. Lo absolutamente infinito, es aquello a lo que no falta ninguna de las perfecciones del ser. Es el Ser por excelencia, sin ninguna clase de limitación. Eso es Dios. En el Ser perfectísimo, sólo hay perfección, no hay imperfección alguna.

Sin ir más lejos, el Universo material, en su mayor parte, parece carecer de eso que está presente en la más humilde planta: vida. De eso que está presente en el más humilde animal: sensación. Y de eso que está presente en el más humilde de los seres humanos: inteligencia y voluntad, ser personal. Es decir, el Universo podrá ser o no infinito en extensión, pero en todo caso es finito en su ser. Ya el filosofo Blaise Pascal (siglo XVII) afirmó que cualquier ser pensante, cualquiera de nosotros (y no solamente Dios) es superior al Universo entero. Y que todos los cuerpos del mundo no podrían producir el más mínimo pensamiento, así como todos los pensamientos del mundo no podrían producir el más mínimo acto de caridad.

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